Mi hijo no hace caso, ¿qué hago?

La disciplina en los niños es importante, no solo porque les enseña lo que está bien y lo que está mal sino que también les ayuda a aprender a convivir en sociedad.

En este artículo, se exponen algunas ideas sobre cómo ayudar a tu hijo a que tenga un comportamiento adecuado:

  • Déjale claro cuál es el comportamiento adecuado para ese momento. Por ejemplo: si quieres estirarte en el sofá, quítate primero los zapatos. Hazlo tú también, así te tomará de ejemplo. Si van a ir a algún sitio en concreto, explícale antes que comportamiento se espera de él. Por ejemplo: mañana vamos a la boda del primo Andrés, recuerda que allí hay que estar en silencio.
  • Explícale las consecuencias que pueden tener sus actos. Por ejemplo: Si no haces los deberes, no podrás ver la televisión.
  • Permítele decidir entre dos opciones que son adecuadas en ese momento, de esta forma tendrá la sensación de que él también tiene un papel en la decisión de esas reglas y se reducirán las probabilidades de que se oponga. Por ejemplo: tienes deberes de lengua y de sociales, ¿por cuál quieres empezar?
  • Antes de regañarle e imponer la consecuencia, deja que tu hijo te explique lo que piensa y siente. Hay que tener en cuenta que no siempre el mal comportamiento responde a resistencias, sino que también puede ser motivado por otros acontecimientos, como por ejemplo sentir celos ante la llegada de un hermano. Todos los niños necesitan atención por parte de sus padres.
  • Existen dos clases de límites, los que responden a cuestiones más serias y los que responden a aquellas más banales. En los primeros, por ejemplo un mal comportamiento, es importante ser firme, mostrarse serio y seguro de lo que se dice, sin gritar. En aquellas normas que no son tan importantes, se puede ser un poco más flexible, ayudando solo a que el niño responda hacia la conducta que deseamos, por ejemplo: cuando termines de merendar, te pones con los deberes, ¿sí?
  • Dale a tu hijo una explicación que corresponda a la norma, cuando los niños entienden el porqué de lo que les pides les resulta más fácil cumplirlo. Por ejemplo: Si no te atas bien los cordones de los zapatos puedes tropezar y hacerte daño.
  • A veces, se puede proponer una actividad alternativa que encamine al niño hacia el comportamiento adecuado. De esta forma, evitamos regañar y valoramos lo que desee al demostrar que somos capaces de escucharlo, aunque en ese momento no podamos cumplirlo. Por ejemplo: Hoy no podemos ir al parque porque llueve, pero si quieres, podemos hacer una manualidad en casa.
  • Las reglas deben de ser siempre las mismas, si cada día son diferentes, ellos intentaran cambiarlas día tras día y no se generará la rutina deseada.
  • Muéstrale que la conducta es inapropiada pero no él. Por ejemplo, cambiar “has roto el juguete, eres un niño malo” por “has roto el juguete, eso está mal”.
  • Cuando esté realizando una conducta apropiada espontáneamente házselo saber. Es una buena forma de que vean que al portarse bien reciben recompensa.
  • No en todas las ocasiones es necesario reaccionar, hay momentos en los que su hijo puede ver por sí mismo que sus actos tienen consecuencias. Por ejemplo: Si rompe los lápices de colores, se dará cuenta de que no puede seguir pintando.
  • Nuestras emociones deben estabilizarse antes de imponer la consecuencia, de esta manera nos aseguramos de que será la apropiada y no fruto de nuestro propio enfado. Es mejor contar unos segundos y después valorar lo que ha pasado y reaccionar.
  • Explica a tu hijo que si no se porta bien se le apartará de aquello que esté haciendo por un tiempo previamente establecido (1 minuto por edad). Esta medida funciona entre los 2 y los 5 años, aunque con algunas modificaciones puede usarse.

Es muy importante, ser firme y cumplir con las consecuencias que se establecen. De nada servirá que impongamos una consecuencia si después la retiramos.

Ni cachetes ni palabras que puedan hacer daño.

Dar cachetes, gritar, avergonzar… no va a servir para cambiar la conducta del niño, sino que va a herir su salud física y mental a largo plazo. Esta forma de disciplina, enseña a los niños que cuando está frustrado por no conseguir lo que quiere está permitido actuar de esta manera.

Avergonzar o utilizar palabras duras hacia los niños puede llegar a ocasionar incluso más problemas en su conducta, lejos de ayudar a cambiarla.

Alba Lavandero
Psicóloga General Sanitaria
Colaboradora en OWL INSTITUTE. Institut Psicològic

Fuentes:
Fundación CADAH – Cómo aplicar límites a los niños https://www.fundacioncadah.org/web/articulo/como-aplicar-limites-a-los-ninos.html
Healthy Children – ¿Cuál es la mejor forma de disciplinar a mi hijo? https://www.healthychildren.org/Spanish/family-life/family-dynamics/communicationdiscipline/Paginas/disciplining-your-child.aspx

El inicio de la lectura y el papel de los padres

Fomentar la lectura en casa puede tener un papel fundamental en el desarrollo de la habilidad lectora en los niños, que suele iniciarse entre los 6 y los 7 años. Aunque la lectura se enseña en la escuela, los padres pueden contribuir a mejorar ese aprendizaje e incluso a que lo conviertan en su nuevo hobbie, aunque esto último dependerá del carácter y los gustos de
cada niño.
Leer libros en voz alta es una de las mejores maneras de ayudar a que su hijo aprenda a leer.

Estos son algunos consejos que puede seguir cuando lea con su hijo:
● Mientras vaya leyendo resiga con un bolígrafo, un lápiz, el dedo… para que su hijo vea las palabras que están contando la historia.
● Cambie las voces y haga los sonidos propios de los animales, eso le generará interés.
● Muestre a su hijo las imágenes que acompañan el libro y explíquele qué sucede.
● Si hay una frase repetida en el cuento, haga que su hijo participe.
● Si encuentra alguna situación similar a la vida cotidiana hágaselo saber a su hijo.
● Leer libros puede ayudar a que su hijo exprese pensamientos y emociones, así que si su hijo le hace alguna pregunta o quiere hacer algún comentario pare y respóndale.
● Aunque su hijo ya sepa leer, siga leyéndole en voz alta, es una buena manera de que escuche y comprenda historias que no podría comprender leyéndolas por sí mismo. Además, podrán disfrutar de un rato agradable juntos.
● Cada día dedique un tiempo a la lectura, puede ser antes de ir a dormir.
● Procure que la habitación de su hijo sea confortable para la lectura: con una silla o una cama y una lamparita que le facilite ponerse a leer. También deje libros que puedan gustarle a su hijo para que él los lea por su cuenta si le apetece.
● Permítale escoger a su hijo el libro que quiere leer dentro de los apropiados para su edad, de esta forma también generará más interés por la historia si puede elegirla.
● Puede realizar juegos con palabras o elementos que quiera que aprenda para avivar su curiosidad y su interés.

Cuando su hijo se ponga a leer, pídale que lea en voz alta. De esta forma, generará confianza en su forma de leer y disfrutará aprendiendo mientras una persona significativa para él le escucha. Puede turnarse con él para aprender destrezas de lectura de más dificultad.
Es muy importante que si alguna palabra se le atasca, la pronuncie rápido para no perder el hilo de la historia. No haga que su hijo repita la palabra en voz alta si no le apetece.
Si su hijo cambia una palabra pero el significado es el mismo no le haga parar para corregirlo.
Si por el contrario, la palabra no tiene sentido pídale que vuelva a leer la frase diciéndole que no está seguro de haberla comprendido.

No se debe establecer un tiempo de lectura muy largo, ya que si no se cansarán, se frustrarán y no querrán volver a retomarlo. Nunca se olvide de reforzarlo positivamente, eso hará que tenga más ganas de seguir aprendiendo.
Finalmente, hay que tener en cuenta que cada niño es único y tiene su propio ritmo de aprendizaje, por ello es importante no presionar ni forzar. De esta forma disfrutará mucho más del aprendizaje.

Alba Lavandero
Psicóloga General Sanitaria
Colaboradora en OWL INSTITUTE. Institut Psicològic

Fuente: Healthy Children – Cómo ayudarle a su niño a aprender a leer
https://www.healthychildren.org/Spanish/ages-stages/preschool/Paginas/helping-your-child-l
earn-to-read.aspx

Los 5 mejores juegos de mesa educativos para jugar con tus hijos

Actualmente, estamos viviendo una situación totalmente atípica a causa de la Covid-19. Los niños y niñas han tenido y tienen mucho tiempo libre y se acaban los recursos para entretenerlos. Muchos padres y madres se encuentran con que la tecnología ha acaparado por completo la atención de sus hijos/as y les gustaría que jugaran a algo que no estuviera relacionado con una pantalla.

A veces, se hace difícil seleccionar juegos con los que además de disfrutar puedan aprender y desarrollar habilidades como por ejemplo la tolerancia a la frustración o la atención.

Por ello, os dejo esta selección de juegos para que los niños estimulen sus capacidades mientras se lo pasan en grande:

1. Lince: el Lince de Educa es un juego para mayores de 6 años (aunque cuenta también con versión infantil para menores de esa edad) que consiste en ser el primero en encontrar la imagen de tu tarjeta en el tablero. Es un juego que además de ser muy entretenido, ayuda a mejorar la atención y la memoria.

2. Jenga: el Jenga es un juego que ha sido fabricado por muchas marcas de juguetes como por ejemplo Hasbro. Se puede jugar a partir de los 6 años de edad. Este juego consiste en ir quitando las piezas de madera que componen la torre de forma que ésta no se caiga. El Jenga es un juego muy interesante, ya que desarrolla la capacidad de toma de decisiones al tener que establecer la mejor estrategia para mantener la torre en pie.

3. Fantasma Blitz: el Fantasma Blitz de Devir está recomendado para mayores de 8 años. El juego contiene un bloque de cartas y 5 objetos que deberán colocarse en el centro de la mesa. Después se gira una carta y se deberá coger el objeto que coincida en forma y color con el que sale en la carta. Si no hay ninguno que coincida se cogerá el que no se parece en forma ni color. Tienes que ser el más rápido pero tienes que coger el objeto correcto, ¡si no perderás! De esta forma se promueve el control del impulso y la atención al tener que observar bien la carta para elegir el objeto correcto.

4. Tabú: el Tabú de Hasbro es un juego recomendado para mayores de 8 años. Consiste en conseguir que tu equipo adivine la palabra que aparece en la parte superior de la tarjeta pero con cuidado de no utilizar ninguna de las palabras Tabú, de lo contrario, el otro equipo hará sonar la bocina y habrás perdido. Ya que cuenta con un reloj, este juego aumentará vuestra rapidez mental.

5. Dobble: Dobble de Zygomatic es un juego para mayores de 6 años, aunque cuenta con versión infantil para los más peques. Es un juego muy divertido en el que se reparte una carta por jugador y el resto se ponen boca abajo en el centro de la mesa. Se destapa una de las del montón y el que primero encuentre uno de los dibujos de la carta del centro en la suya se la lleva. Se sigue así hasta que ya no quedan cartas en el centro. Quien tenga el montón más grande gana. En este juego se estimula la capacidad visual, la atención y la rapidez mental.

Hay muchos más juegos con los que poder desarrollar las capacidades de los niños, pero estos son mis favoritos. Además, son juegos que entretienen tanto a niños como adultos y pueden hacer que paséis una gran tarde en familia.

Alba Lavandero
Psicóloga General Sanitaria
Colaboradora en OWL INSTITUTE. Institut Psicològic

¿Hemos aprendido algo de lo que nos ha ocurrido?

Y, en caso afirmativo… ¿qué hemos aprendido?

Realmente, la respuesta está en cada uno/a.

Podríamos compartir un listado a nivel general sobre lo que la humanidad, los países o la sociedad ha podido llegar a aprender de lo que nos ha ocurrido… Pero tenemos la duda de que sólo sean palabras bonitas.

Más allá de lo que, a nivel global o general, podamos plasmar, creemos que lo importante es que cada uno haga esta reflexión para sí mismo.

Cuando, durante los días de confinamiento, nos hacían en las entrevistas de radio y de otros medios la pregunta: “¿hemos aprendido algo?“, nuestra respuesta siempre era la misma: “habrá aprendido quién haya querido o podido aprovechar esta situación. Los demás seguirán igual“.

Puede parecer muy triste, pero ante de una crisis hay personas que aprovechan la oportunidad y otras que siguen igual.

A quienes les haya tocado de lleno y hayan efectuado un buen proceso de reflexión, quizás se habrán dado cuenta de algunos hechos importantes en sus vidas. Otros habrán ya empezado a hacer cambios.

Nosotros hemos hecho nuestras propias reflexiones, pero no tienen por qué ser las tuyas. Durante estos meses hemos aprendido que:

  • Las personas y las relaciones son lo más importante que tenemos en esta vida.
  • Lo material nunca puede substituir a las personas.
  • El tiempo pasa y si no lo aprovechas no va a volver.
  • A veces también hace falta no hacer nada a modo de contraste.
  • El trabajo ideal no existe, lo tienes que construir tú mismo.
  • No valoramos lo que tenemos hasta que lo perdemos.
  • La gratitud debe de ser diaria.
  • Si quieres hacer un cambio ahora es el momento ideal.
  • Después de la tormenta viene la calma.
  • Todo en la vida puede convertirse en una oportunidad para crecer.
  • Un buen libro puede cambiarte la mente y abrirte a nuevos horizontes.
  • Una buena conversación con un buen amigo/a puede alegrarte y calmarte el alma.
  • Recuperar tus viejos hobbies y actividades puede ser algo muy satisfactorio.
  • Las sorpresas y la magia pueden estar presentes en el día a día.
  • Despedirse de las personas es una forma de sentirte en paz.
  • El trabajo en uno mismo/a es diario y muy gratificante.
  • Uno puede sentirse mejor con su cuerpo con un poco de entrenamiento.
  • Hay más cosas que nos unen con los demás de lo que nos imaginamos.
  • Todos podemos cambiar si realmente hacemos un trabajo.
  • No todo el mundo vive igual las situaciones dolorosas y hay que respetarlas.

¿Te atreves a hacer tu lista de aprendizajes?

Lo curioso del caso es que, si lo escribes, ya estarás comprometiéndote con ellas. Así que, da el paso y haz tu primer borrador.

Ana Farré y Dr. Oriol Lugo
Psicólogos
Co-directores de Owl Institute. Institut Psicològic

La nube jamás podrá, ni debe, sustituir el contacto humano

Pequeña reflexión sobre la falta de tacto y contacto en 2020

Aunque no me gustan las palabras absolutas, como “jamás”, en este caso es imprescindible utilizarlo. Entenderéis porqué.

La tecnología nos está ayudando más que nunca en tiempos de pandemia y es maravillosa. Nos da un poco esa falsa ilusión de estar un poco más cerca de las personas que queremos; algunos pueden trabajar desde casa, estudiar, comprar etc. Un sinfín de maravillas des del sofá. Es una mezcla entre comodidad y resignación. Y la comodidad es muy golosa en nuestros tiempos.

Pero la tecnología no es ni será jamás la respuesta a la humanidad. Para mí, los países no son más o menos avanzados según su tecnología, entendida como internet y pantallas. Como sabéis, muchos creadores de estas mismas pantallas, las utilizan mínimamente y las alejan de sus hijos. Lo cual me chirría bastante en el cerebro entre la ética y el dinero. Pero ese es otro tema.

Siento, en este caso, y deseo que así sea, que las pantallas solo son una opción temporal. No pueden ni deberían substituir a la personas. Cuando todo termine tenemos que salir ahí fuera, despacio; reencontrarnos con la gente y los miedos; con todo aquello que nos ha quedado dentro estos días, y volver al contacto humano. Contacto que jamás debimos perder sino guardar para más tarde. Aun con todas las epidemias que ha vivido y, seguramente, vivirá la humanidad, no podemos vivir físicamente apartados de la tribu mucho tiempo. 

Sería un error emocional y una ilusión creer que todo puede ser y hacerse a través de un plasma. Igual que los bebés necesitan ser sostenidos para sobrevivir, y no solo alimentados, todos nosotros necesitamos la cercanía y el calor humano, en mayor o menor medida. Renunciar a ello de manera drástica, apelando a la higiene o al menor coste económico, son excusas baratas que nos alejan de la piel y nos pueden llegar a convertir en seres ansiosos y disociados de la realidad. 

En esta desescalada debemos ser más conscientes que nunca de la necesidad de afrontar los miedos que han aparecido y volver a confiar poco a poco en el tactosin obsesionarnos por la limpieza y por aquello que no controlamos. Sino corremos el peligro de enfermar de todas las maneras posibles – cuerpo y mente que son uno-. 

Para los días que vienen…

  • Obsérvate, pon sobre la mesa las emociones y dolores que aparecen en ti.
  • Sal a la calle a ratos y protegido, ¿cómo te sientes? Salir despacio es la clave para la vuelta, sin prisas ni muchas horas seguidas.
  • Trata tus emociones lo mejor que puedas. Después de intentarlo y sacar tus recursos.
  • Revísate. Si necesitas ayuda profesional pídela; será igual de temporal que esta situación. 

Sino, sigue adelante pero tratándote con cariño, tus emociones son igual de válidas tanto si tienes sol y balcón como si no. Que nadie te haga sentir culpable por sentir. Si fuera así nadie del primer mundo podría quejarse, ¿verdad? Es una trampa sin sentido. 

Recuerda, nada puede substituir el contacto y la conexión contigo mism@ y con el otro.
Vamos a volver a re-encontrarnos ahí fuera y será aún más increíble.

Júlia Beltrán
Psicóloga y Psicomotricista
Experta en Terapias Neurocientíficas
Miembro del equipo OWL INSTITUTE. Institut Psicològic

¿Cómo tener una relación de amistad sana?

En lo que se refiere a las relaciones de amistad, es interesante poder valorar algunos puntos que nos pueden indicar si tenemos una relación sana. Obviamente cada relación de amistad es un mundo, pero hay algunos puntos básicos que nos pueden facilitar que la relación sea más sana y equilibrada.

1.- Los dos amigos/as comparten algo que les une (ya sea un hobbie, una afición, un tema de estudio, un lugar de interés…). Dedican tiempo a su relación. Aunque sea poco tiempo, lo importante es que sea de calidad.

2.- Hay comunicación habitualmente. Hoy en día a través de las redes y de las distintas plataformas es más fácil que nunca que haya un contacto. Sí que es verdad que hay amigos/as que pueden pasarse mucho tiempo sin contactarse, pero hoy en día es más una excusa que una realidad (siempre podemos escibir un whats app o un email).

3.- Existe respeto entre las dos partes. Este es un elemento básico en cualquier relación, y en el caso de las amistades también está presente. Los dos amigos/as cuidan la opinión del otro y la toleran, aunque puedan o no compartirla.

4.- Hay sinceridad. Uno de los elementos claves en la amistad es que esperas y recibes sinceridad por la otra parte. Un amigo/a puede ir más allá de las formalidades y hablarte con claridad (eso sí mateniendo el respeto).

5.- Pueden perdonarse y comprenden que una relación de amistad puede también sufrir crisis y discusiones. Aun así, son capaces de poder hacer las paces y aprender de los errores del pasado.

6.- Se busca un equilibrio entre el dar y el recibir. Obviamente siempre hay alguien que puede aportar más en la relación, pero si existe un gran desequilibrio es inevitable que en algún momento la relación pueda romperse. Si siempre eres tu el quién llama a la otra parte, o el que siempre invita, o hace propuestas…, entonces llegará un punto en el que puede que te hartes. Es importante manifestarle al otro/a como te sientes.

7.- Se produce una escucha activa cuando se interactua. Cuando hablamos con nuestro amigo/a hay un interés real en escuchar lo que nos comenta y de ir más allá de sus palabras para conectar con sus sentimientos. Al igual que el punto anterior, ha de haber un equilibrio: la escucha activa debe estar presente por las dos partes.

8.- Las emociones se comparten habitualmente. Una buena relación de amistad permite que haya una apertura hacia el otro/a. Eto facilita que podamos compartir nuestros sentimientos con facilidad, así como poder recibir los sentimientos de nuestro amigo/a.

9.- No existen manipulaciones ni juegos psicológicos. A veces, hay personas que se aprovechan de la amistad para presionar u obligar al otro a hacer actividades o acciones que no desea realizar. Con la excusa de “somos amigos/as”, se acaba generando un mal al otro/a.

10.- Son relaciones que se cuidan y se mantienen a lo largo de los años. Y si hay algún incidente, separación o contratiempo son capaces de solventarlo y de seguir adelante con la relación de amistad.

La relación de amistad, al igual que las otras relaciones se debe cuidar y mantener. Nosotros/as elegimos a quiénes queremos dejar entrar en nuestras vidas. Pero también somos nosotros/as responsables de hacer que alguien salga de nuestras vidas poniendo límites.

Ana Farré y Dr. Oriol Lugo
Psicólogos
Co-directores de Owl Institute. Institut Psicològic

¿Cuál es la función del psicólogo en “Psiconutrición”?

Antes de empezar a hablar sobre las funciones del/a psicólogo/a en el trabajo en psiconutrición, sería interesante empezar por explicar brevemente qué es esto llamado “psiconutrición”

Lo cierto es que el vocablo “psiconutrición” surge de la unión entre las palabras “psicología” y “nutrición”, por lo que solo con esto ya podemos intuir un poco de qué se trata. La psiconutrición no es una herramienta, ni un ámbito de trabajo específico, sino que es el trabajo conjunto de dos (o más) disciplinas con la finalidad de alcanzar un objetivo común: ayudar a las personas a tener una mejor relación con la comida, su cuerpo y la forma de alimentarse. Por ese motivo, cada profesional tiene su rol, sus funciones y su línea de trabajo específica. 

Normalmente, cuando una persona acude a consulta con una demanda de “pérdida de peso” (por ejemplo), la necesidad que ésta requiere no siempre se basa únicamente en una pauta alimentaria y/o educación alimentaria como tal. En ocasiones, hay una necesidad que va más allá, que se relaciona directamente con las dificultades para perder ese peso que la persona considera necesario: estrés, dificultades en el sueño, una incorrecta gestión emocional, situaciones familiares, etc. Y es en estos casos cuando es imprescindible el trabajo psicológico.

¿Qué funciones realiza el psicólogo en un caso de psiconutrición?

Como decía en líneas anteriores, cada profesional lleva a cabo sus funciones. De hecho, en muchos casos incluso sería necesario aumentar el número de líneas de trabajo implicadas, a parte de la nutrición y el seguimiento psicológico, como puede ser la necesidad de contacto con un/una médico/a o un/a profesional de la actividad física y el deporte, entre otros. Y es que cada persona tiene unas circunstancias que se deben evaluar de forma individual y personalizada

De momento, vamos a explorar brevemente qué aspectos generales trabaja el psicólogo en consulta: 

  • Trabajo con la imagen corporal y la aceptación corporal para mejorar la relación con el propio cuerpo. 
  • Autocuidado, autoconcepto y autoestima.
  • Educación y gestión emocional.
  • Identificación de causas por las que aparece una mala relación con la comida. 
  • Hacer consciente a la persona sobre cómo son sus conductas.
  • Identificación del rechazo a mantener hábitos saludables.
  • Identificación de bloqueos y barreras a la hora de alcanzar objetivos.
  • Manejo de los aspectos del contexto de la persona que afectan directamente a alcanzar objetivos.

Cabe mencionar que las demandas que nos llegan son muy variadas, por lo que depende de la persona serán necesarias trabajar unas cosas u otras. Es imprescindible recordar que en este artículo se dan ideas generales y que para cada caso se deberá analizar en profundidad cuáles son las necesidades propias a trabajar.

Débora Carrasco
Psicóloga y Psicoterapeuta
Experta en Psiconutrición
Experta en Terapias Neurocientíficas
Miembro del equipo OWL INSTITUTE. Institut Psicològic

Pautas para la gestión de la salida de los niños/as

La situación que estamos viviendo no es nada fácil para nadie, pero quizás los niños son la población que ahora puede estarlo pasando más mal ya que no han podido salir en ningún momento. Esto hace que realmente ellos/as hayan vivido la totalidad del confinamiento. 

Para poder hacer una buena gestión emocional de esta situación de abertura te recomendamos leer los siguientes siete puntos:

1.- Explicar bien la situación. Es relevante que por parte de los padres o cuidadores haya una buena explicación de lo que supone esta medida de poder empezar a salir.

2.- No forzar a salir a los niños. Puede suceder que haya niños que no quieran salir. Esto puede deberse a miedos, preocupaciones y otros. Sería recomendable explorar bien qué es lo que le preocupa y poder charlar al respecto o dibujar o pintar aquello que le preocupa.

3.- Pactar bien las horas de salida y de retorno. Puede ocurrir que una vez estés en la calle con tu hijo luego no quiera regresar. Es por este motivo que es importante poder pactar bien los horarios y negociarlos.

4.- Dejar bien claro que esta situación irá a más, y que poco a poco se va a poder ir saliendo más. Esta idea puede ayudar y animar a los pequeños para que sientan que es algo que podrá ir mejorando.

5.- Es bueno que el tiempo de salida sea de calidad. Es decir, una vez salgamos se pueda disfrutar del paseo y del momento. Esto favorecerá que pueda haber un buen refuerzo.

6.- Hacer una buena gestión emocional por parte de los padres. Como adultos quizás guardan miedos e inseguridades. En estos casos es relevante que puedan escribirlo en un diario emocional, que puedan contar con algún amigo/a para poder charlar o pedir ayuda psicológico.

7.- Y sobre todo poder seguir las pautas higiénicas y de seguridad. Esto reforzará la sensación de protección y de que el niño/a está realmente protegido. Es una forma de que se sientan seguros/as.

Esperamos que, con estas pautas, hayamos podido ayudarte en estos momentos. Que tengáis un buen desconfinamiento.

Ana Farré y Dr. Oriol Lugo
Psicólogos
Co-directores de Owl Institute. Institut Psicològic

¿Sientes ansiedad? ¡Anímate a escribir!

La ansiedad no deja de ser un aviso de nuestro cuerpo que nos alerta de que hay algo que no va bien. Si la reprimes, gana fuerza, pero si la escuchas y la entiendes, se calma. 

Es por eso que escribir puede ser una herramienta terapéutica muy potente. Sobre todo para dar espacio a aquellas preocupaciones que aparecen con mayor intensidad y que a veces van acompañadas de síntomas ansiosos (nerviosismo, fatiga, tensión muscular, etc.). 

Lo más natural que uno podría hacer ante continuos pensamientos agotadores, es intentar que paren. Y para que eso ocurra, se inicia una lucha contra ellos con la única finalidad de que se desvanezcan. Pero te propongo que, en vez de querer ahuyentar esas preocupaciones, te permitas explorar las emociones que estas te provocan. ¿Cómo? Escribiendo.

  1. Dedícale un tiempo determinado del día a examinar estas preocupaciones. Márcate un tiempo definido para ello (por ejemplo, 30 minutos) y no te excedas. Anota lo que te preocupa y cómo te sientes al respecto. Dale rienda suelta a la mente. 
  2. En ese momento, puedes aprovechar para ser objetivo respecto a las ideas que te vengan y cuestionar todo aquello que no te ayude.
  3. Si los pensamientos son muy persistentes y aparecen durante el día, escúchalos. Eso sí, recuérdate que les prestarás atención en el momento del día que hayas escogido para hacerlo. Ni antes, ni después, únicamente en ese momento. De esta forma pospondrás el momento para que la ansiedad no sea insoportable, pero no huirás de ella.
  4. ¿Qué hacer después? Nada. Cerrar la libreta o guardar la hoja que has usado para el ejercicio y dejar todos tus pensamientos allí. 
  5. Es importante que no juzgues tus ideas o emociones, esto provocaría el efecto contrario al deseado. ¿Recuerdas lo que te decía al empezar el artículo sobre querer reprimir la ansiedad?

Por último, es importante añadir que si quieres explorar con más detenimiento estos pensamientos para asegurarte una correcta gestión emocional y autoconocimiento, será adecuado hacerlo de la mano de un/a profesional.

Débora Carrasco
Psicóloga
Colaboradora en Owl Institute. Institut Psicològic

¿Qué es el Coaching Vocacional?

Imagina por un momento que te has planteado ponerte en forma. Hace tiempo que le estás dando vueltas al asunto, pero finalmente pasas a la acción. La gente de tu alrededor te anima y tú estás totalmente decidido/a. Hay muchas opciones, pero te decantas por escoger un entrenador/a personal. Te apetece ponerte en forma, sentirte más sano/a y recuperar tu energía y vigor.

Este entrenador/a te prepara unas rutinas con las que vas a poder fortalecer tus bíceps, tus cuádriceps y tus glúteos. El plan te parece genial.

Pero pronto descubres que en el ponerse en forma, como cualquier otro propósito, hay un aspecto mental. Necesitas hacer un trabajo no sólo en tu imagen exterior sino también en tu lado más interior. Aquí es donde entra la figura del coach, un entrenador/a pero a nivel de la mente. Este profesional te acompaña para ayudarte a lograr tus metas, sueños y objetos. También a lo largo del proceso va a facilitar que llegues a alcanzar tu máximo potencial. Un coach no va a pedirte que hagas abdominales, ni sentadillas, pero sí que va a ayudarte a que potencies tu motivación, tu fuerza de voluntad, tus valores, tu creatividad, tu espíritu crítico, entre otros elementos.

Vas a intercambiar las pesas por las preguntas poderosas que están orientados a tu cambio y a tu transformación. Los bancos de abdominales van a dejar paso a las dinámicas de reflexión o a los planes de acción, por poner algunos ejemplos.

Algunos de los pioneros en el ámbito del Coaching internacional y nacional, exponen esta metodología de la siguiente manera:

Según John Whitmore, uno de los pioneros y principales impulsores de esta metodología a nivel mundial, en su obra “Coaching: El método para mejorar el rendimiento de las personas”, explica que el Coaching es la actuación por la cual una persona toma consciencia de los hechos, no a través del coach sino de si misma, siendo estimulada por el profesional y con el objetivo de descubrir la mejor manera de lograr mejorar el rendimiento. El Coaching es un tipo de metodología específica donde actúa un coach que acompaña al coachee, con la intención de trabajar en la consecución de sus objetivos y metas. El coach se adapta al ritmo de trabajo de su cliente para así ayudarlo a que por su propia cuenta llegue a lograr aquellas metas que se ha planteado. Con esta definición se manifiesta la idea de que el protagonista del proceso y quien está en el foco de atención es el coachee, nunca el coach.

Otra conceptualización la encontramos en Myles Downey, uno de los coach seniors con más prestigio a nivel europeo y mundial. En su obra “Effective Coaching: Lessons from the Coach’s Coach”, quien expresa que el Coaching es el arte de facilitar el rendimiento, el aprendizaje y el desarrollo de otra persona. Downey hace uso del término arte, como sinónimo de un proceso único e irrepetible, el cual más allá de seguir una metodología, cada coach hace una aportación propia y se adapta a las circunstancias del cliente. Por lo que respecta al rendimiento, al aprendizaje y al desarrollo, los tres elementos se presentan conjuntamente ya que están estrechamente vinculados. Cuando una persona trabaja cualquiera de estos puntos, de alguna manera afecta a los otros elementos. Cuando uno rinde más puede deberse a que ha habido un aprendizaje y si hay un aprendizaje, hay un desarrollo de la persona.

El Coaching es una metodología que facilita que se de cualquiera de los tres factores. En la mayoría de los procesos de Coaching se producen cambios en estos tres pilares, ya que el coachee ha sido capaz de mejorar su rendimiento o su actuación, el coachee ha logrado incorporar nuevos aprendizajes, sean del tipo que sean, y el coachee se ha desarrollado en el ámbito o campo que deseaba, o incluso en diversas esferas o en todo su conjunto como persona.

También, Mireia Cabero, psicóloga, coach político y docente universitaria, conceptualiza el Coaching en su obra “El coaching emocional” como un proceso de trabajo personal y de auto liderazgo en el cual la persona, el coachee, hace acompañada de un especialista, el coach, con el propósito de lograr los objetivos que se plantea. En esta definición la autora pone énfasis en el concepto de trabajo personal, ya que contempla la idea de un proceso donde no sólo se trabaja para lograr objetivos, sino que hay también una transformación de la persona, permitiendo que esta se desarrolle y que crezca tanto a nivel personal como profesional.

Además, es importante destacar el concepto de auto liderazgo ya que es una habilidad esencial en los procesos de Coaching, donde el cliente ha de ser capaz de hacerse responsable de sus decisiones y de sus acciones. Es fundamental que el cliente pueda llegar a aprender a guiarse a si mismo, ya que el coach sólo lo acompaña temporalmente, y el cliente ha de ser autosuficiente y sentirse empoderado y responsable de su vida.

Y añade Beatriz Valderrama, Doctora en Psicología Organizacional y RRHH y Coach Profesional Senior, define el Coaching en su obra “Fundamentos Psicológicos del Coaching”, como un proceso que tiene como objetivo ayudar al cliente a transformar su ser para conseguir sus metas. La autora contempla un enfoque integrado del Coaching, el cual tiene que incluir el acompañamiento del coach a su cliente desde donde está ahora, hacia el futuro que desea (su visión), dándole soporte a su desarrollo (transformación de su forma de pensar, sentir y actuar) con la finalidad de obtener resultados óptimos para la persona y los sistemas en los que se integra (grupos, organizaciones, comunidad). Para conseguir los resultados deseados, necesitamos emprender las acciones dirigidas a producirlos.

En definitiva, el Coaching es un proceso y una relación, una metodología y un arte a la vez, la finalidad de la cual es ayudar al cliente a transformar su ser para conseguir sus metas. En la transformación personal está la base para poder alcanzar los objetivos. Porque siempre podemos llegar a ser más de lo que somos ahora en el presente. Y siempre podemos lograr más de lo que estamos logrando en la actualidad.

Espero que con la metáfora inicial y con estas definiciones puedas empezar a hacerte una primera idea sobre qué es el Coaching, y si te has animado puedas consultar a un coach acreditado/a.

Ana Farré y Dr. Oriol Lugo
Psicólogos
Co-directores de Owl Institute. Institut Psicològic

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