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Alimentación y Emociones

Hoy vamos a hablaros de la relación entre la alimentación y nuestras emociones. Es decir, de la Psiconeuroinmunología. Pero, ¿qué es?

La Psiconeuroinmunología (PNI) es la ciencia que estudia la relación entre los procesos endocrinos, neuronales, inmunológicos y conductuales.

El experto en PNI, Xevi Verdaguer, afirma que el cerebro no es el único actor involucrado en el sistema inmunológico. Según sus estudios, la flora intestinal juega un factor muy importante en nuestro sistema inmune e incluso en nuestro bienestar psicológico. Un desequilibrio en la flora intestinal puede provocar que el intestino se inflame y eso puede provocar depresión a parte de problemas nerviosos.

¿Qué causa un desequilibrio en la flora intestinal? La respuesta está en la alimentación. Una mala alimentación puede ser el precursor de futuros problemas, no sólo físicos sino también mentales. Dado que las células del sistema inmune están en comunicación constante con el cerebro y a la inversa, nuestras hormonas y emociones pueden quedar alteradas si no nos alimentamos adecuadamente.

Actualmente, la producción en masa de los alimentos conlleva el uso de algunos tóxicos nocivos para las células de nuestro sistema inmunológico. Como hemos expresado con anterioridad, esto puede causar inflamaciones en nuestro intestino, lo que produce alteraciones hormonales que afectan a nuestras emociones entre otros procesos químicos de nuestro sistema nervioso.

Según el Sr. Verdaguer si tomamos alimentos ecológicos de una forma equilibrada, nos expone menos a las alteraciones hormonales antes comentadas. Estos alimentos no han estado en contacto con tóxicos, están en un estado más puro y no interfieren en la digestión ni en la absorción de los alimentos.

Desde OWL Institute promovemos una dieta sana y equilibrada para tener mejor control de nuestras emociones. Con el apoyo de nuestras actividades de Gestión Emocional, tanto para niños/as como para adultos, mejoramos nuestra calidad de vida.

Cambia tus creencias

Queremos lanzarte algunas preguntas:

  • ¿Alguna vez te has preguntado acerca de tus creencias?
  • ¿Te has cuestionado sobre lo que crees?
  • ¿Sobre si eso que crees, es lo que es realmente?
  • ¿O sobre si esa creencia no es del todo cierta?

Estas cuestiones no son habituales, aunque hay circunstancias y momentos en nuestras vidas en las que nos llegamos a hacer estos cuestionamientos. Sobre todo, cuando tenemos situaciones de crisis personales, es cuando nos llegamos a replantear muchos de nuestros pensamientos y muchas de nuestras creencias.

Pero hay una forma para poder trabajar y cambiar las creencias.

Si eres una persona curiosa y no quieres esperar a tener una gran crisis en tu vida para reflexionar acerca de lo que crees sigue leyendo.

Una manera de poder cambiar tus creencias es a través del ejercicio de los “reality cheacking” o “chequeos o comprobaciones de la realidad”.

Para poder comprender mejor que es esta técnica y como puedes aplicarla, déjame compartir contigo un ejemplo.

Hasta el siglo XVIII se creía que todos los cisnes eran blancos. Pero concretamente el 1697 ocurrió un hecho que cambio la creencia de miles de personas. En este año los exploradores ingleses que llegaron a Australia descubrieron un ejemplar de cisne negro (Cygnus atraus). Que sorpresa se llevaron al contemplar una ave que siempre habían creído que era blanca. En ese momento tenían enfrente suyo una prueba real de que existían los cisnes negros.

Para poder convencer a sus allegados, se llevaron ejemplares vivos para poder demostrar que no mentían. Al llegar a Inglaterra los incrédulos/as no tuvieron más remedio que aceptar esta nueva verdad.

Y esto es lo mismo que podemos aplicar en nuestro día a día para poder cambiar nuestras creencias. Una manera simple y directa de poder transformar nuestras creencias es buscando y encontrando pruebas que demuestren aquello que sí queremos creer.

O visto des de otra perspectiva, debemos encontrar pruebas, hechos o situaciones que puedan desmontar nuestras antiguas creencias.

Por ejemplo, si tengo la creencia de que no soy bueno cocinando, puedo apuntarme a un curso de cocina y demostrarme a mí mismo/a de que soy capaz de convertirme en un/a buen/a chef.

Si tengo temor a emprender o a montar negocios, puedo empezar haciendo algún proyecto, producto o servicio (por muy sencillo que sea), para demostrarme que soy capaz de empezar un negocio.

Estas pruebas al ser elementos reales y tangibles, harán que inmediatamente amplíes y transformes tus marcos mentales (esos conjuntos de creencias y pensamientos).

Y lo bueno de todo esto, es que podemos cambiar creencias respecto a cualquier ámbito de nuestras vidas. Sólo necesitamos una pequeña prueba de realidad en la dirección y en el ámbito en el que nosotros/as queramos trabajar.

Una prueba llevara a que te animes y quieras obtener más evidencias. Y esto sólo hará que generar lo que se denomina el efecto en cadena o efecto bola de nieve. Es decir, que un resultado llevará a otro resultado.

Pequeños éxitos o resultados, al final equivaldrán a grandes éxitos o grandes resultados.

Y tú, ¿qué quieres creer? ¿Por dónde vas a empezar?

Black Friday: más allá de las compras

“Black Friday” o  “viernes negro”, es una celebración que lleva muy pocos años instaurada en nuestro país. Si eres como yo, quizás sólo conocías las ofertas de las rebajas y poco más. Esta celebración que toma lugar el 29 de noviembre, es una supuesta “fiesta” que nos anima a comprar los regalos antes de las fiestas navideñas. Eso sí, nos aseguran grandes descuentos y promociones.

Pero, ¿qué hay detrás de la fiesta del Black Friday?

En primer lugar su historia, está vinculada con el pasado esclavista de los Estados Unidos. Con lo cual su propia celebración sólo refuerza una actividad totalmente detestable.

Pero en términos modernos, podemos también analizar el “Black Friday” como una celebración que incita al consumismo. Es decir, nos impulsa a gastar sin control en muchos casos.

Se ha estudiado que cuando compramos impulsivamente, lo que estamos haciendo es activar unas áreas del cerebro que generan una sustancia placentera. Estamos activando nuestro sistema de recompensa. Entonces, cada vez que repetimos tal acción, sentimos las mismas dosis de placer. De esta manera sólo estamos reforzando un comportamiento que a la larga puede llegar a ser adictivo.

En inglés existe el término “shopaholic”, que sería como “adicto a las compras”. Este fenómeno no es nuevo, ya lleva tiempo estudiándose. Y lo que se ha descubierto es que puede llegar a ser tan adictivo como el juego, las apuestas u otras conductas adictivas.

Es por esta razón que a nivel individual, deberíamos ser más conscientes que cuando nos dejamos llevar por el frenesí de estas campañas de compras, estamos realmente entrando en una serie de dinámicas que pueden ser peligrosas.

No nos damos cuenta, porque son acciones “socialmente” aceptadas. En una sociedad plenamente capitalista, quién más compra puede ser sinónimo de más éxito o de más recursos. Pero muchas veces podemos llegar a comprar para suplir una falta o carencia emocional. Buscamos ese “subidón” de la compra impulsiva. Esa sensación de satisfacción tras las compras efectuadas. Y sólo estamos reforzando un patrón de satisfacción igual a desembolso económico.

Cuando entramos en este tipo de dinámicas hace que muchas veces nos sintamos esclavos de nuestros propios deseos. Pudiendo en algunas ocasiones a contraer serias deudas con bancos y otras entidades crediticias.

Sí, consideras que el “Black Friday” o estas festividades son inofensivas, te animamos a que busques estudios acerca de las personas que sufren de problemas con la adicción a las compras. Verás que son personas, que no son muy distintas a nosotros/as. Son personas que emocionalmente buscan muchas veces llenar un vacío.

Hay gente que puede llenar este vacío emocional a través de la comida; otras que es a través de las relaciones esporádicas; y hay otras que es a través del consumo.

Sí es tu caso, es importante que en primer lugar reconozcas estas conductas. Después es fundamental dar el paso de compartirlo con personas que sean importantes en tu vida. También el poder pedir ayuda a un profesional de la Psicología puede ser clave para poner solución al asunto.

Al final, acabamos gastando en función a nuestras carencias emocionales. Así, que invertir en poder hacer un tratamiento puede ser la mejor compra para ti.

Y tú, ¿eres fan del Black Friday?

Marcos mentales: ¿qué son y para qué sirven?

¿Alguna vez te has preguntado acerca de tus pensamientos?

¿Sobre lo que piensas o sobre lo que crees?

Estas cuestiones no son habituales. No nos preguntamos acerca de estos elementos.

Normalmente pasamos la gran mayor parte del tiempo en “piloto automático”. Al igual que un coche autónomo sin conductor puede llevarnos a cualquier destino, nuestro cuerpo y mente suelen funcionar de la misma manera.

Nos levantamos a la misma hora, nos duchamos, desayunamos, y salimos hacia el trabajo, sólo para terminar volviendo a casa y repetir las mismas acciones con pocos cambios.

¿Te resulta familiar?

Esto se debe a que tu cuerpo, para ahorrar energía, automatiza muchos comportamientos. Es la mejor forma para poder preservarte en vida. Pero no siempre es la mejor forma.

Por esto, es interesante de vez en cuando pararse a reflexionar sobre nuestros pensamientos.

Se dice que la gran mayoría de pensamientos son casi iguales o muy parecidos a los que tuvimos el día anterior. Esto significa que no hemos tenido mucho margen de cambio y de mejora.

Pero además, la gran mayoría de pensamientos que albergamos a lo largo de la jornada, acostumbran a ser negativos. Con tales pronósticos se hace difícil poder realizar cambios y transformaciones.

Nosotros recomendamos poner el freno de mano y analizar tales pensamientos y creencias. Sólo así nos daremos cuenta sobre sí lo que estamos pensando nos ayuda o no para mejorar nuestras vidas.

¿Qué son los marcos mentales?

Cuando observamos detenidamente nuestros pensamientos, descubrimos posiciones, orientaciones o maneras de ver la vida que son más o menos adaptativas. Esto serían los marcos mentales, estructuras de pensamientos que crean nuestra realidad.

Por ejemplo, si vamos a una entrevista de faena y continuamente estamos pensando en que no nos van a seleccionar. Este marco mental, está creando una realidad: te estás poniendo nervioso, tu rostro muestra inseguridad, tu voz es temblorosa… Y finalmente, acabamos proyectando una imagen de falta de confianza en nosotros/as mismos/as.

Es por esta razón que es muy importante aprender a reconocer nuestros marcos mentales, nuestra forma de pensar, para así cambiarlos.

Sólo con papel y lápiz podremos detectarlos, y a partir de aquí decidir si queremos seguir dándoles fuerza o no a tales pensamientos.

De ti depende que puedas cambiar tu manera de pensar.

Obviamente, es un ejercicio que no es fácil, pero uno/a se puede entrenar para llegar a dominarlo.

Si dedicas un pequeño espacio al día a anotar tus pensamientos y creencias, entonces podrás empezar a elegir de qué otras maneras quieres llegar a pensar.

Porque puedes pensar que hoy puede ser un buen día o puede ser un mal día. No es cuestión de magia, es cuestión de cambiar tus marcos mentales.

¿Cómo gestionar el miedo colectivo?

Vivimos en una época donde los medios de comunicación están continuamente remarcando escenas, noticias y situaciones con connotaciones negativas. Este intenso y reiterado envió de estímulos hace que a nivel global las personas sientan emociones limitadoras como el miedo, la preocupación o la angustia. Estas actuaciones llevan años infligiendo un daño en la sociedad, pero en los recientes meses se nos ha estado inculcando cada vez más esta cultura del miedo.

Pero, ¿miedo a qué?

Miedo a una crisis; a conflictos sociales; a guerras; a hambrunas; a la inmigración; a nuevos movimientos sociales; a la pobreza; a posibles ataques; al paro; a la subida de los precios; a las enfermedades…

Y estos mensajes debido a su repetición y a su alto impacto emocional (no olvidemos que los medios utilizan imágenes y músicas de lo más llamativas) hacen que finalmente los interioricemos. Y como resultado (tal como decíamos anteriormente): acabamos por conectar con sentimientos y emociones que nos paralizan.

Pero, ¿qué ocurre a nivel global?

Hemos de pensar que las emociones se contagian, con lo cual, si tu sientes miedo y no lo compartes, este miedo acaba estancándose. Pero somos seres sociales, y como resultado, acabamos compartiendo nuestras emociones y nuestros sentimientos con todas las personas que tenemos a nuestro alrededor.

Sino fíjate… ¿De qué hablan tus amigos/as, tus compañeros/as, tus familiares…?

Llega un punto en el que es inevitable que tengas estímulos que te hagan evocar ese miedo.

Entonces, ¿cuál es la solución?

La solución recae en poder gestionar correctamente estas emociones. Para ello hay que ganar consciencia de cuáles son los estímulos que nos evocan todas estas reacciones emocionales.

Si sabes que después de mirar las telenoticias te sientes enfadado o temeroso/a, entonces quizás sería una buena idea descartar esta actividad. Si descubres que cada vez que lees ciertos diarios o revistas te sientes angustiado, tal vez podrías limitar estos medios. Y si en algunas conversaciones te sientes abatido porque se hablan más de críticas que no de soluciones o de temáticas más optimistas, puede que no sea el mejor grupo. O puedes tú mismo/a proponer hablar de otros temas.

Al final, tú eliges que emociones quieres cultivar. Puedes reforzar el miedo o la valentía, el pesimismo o el optimismo, la angustia o la seguridad.

Todos tenemos un punto de responsabilidad y todos formamos parte de esta sociedad, con lo cual podemos cambiar nosotros/as para facilitar un cambio a un mayor nivel.

Tú puedes realizar esta transformación, pero la base reside en la consciencia. Si no eres consciente de que estás en una cultura donde impera el miedo y la tragedia, no podrás cambiar estos estímulos.

Necesitamos más personas que puedan conectar con la alegría, con el optimismo, con las soluciones y las innovaciones. Estas personas son las que ayudan a encontrar remedio a los problemas, no a hacer que los problemas se vuelvan más grandes.

Libro: “365 Consejos de Coaching para crecer cada día”

El próximo Jueves día 7, a las 19.00h, tendrá lugar la presentación del nuevo libro del Dr. Oriol Lugo, en la Biblioteca Joan Coromines (El Masnou). Por ello, hemos lanzado algunas preguntas a nuestro co-director, para que nos cuente un poco más sobre su nuevo libro. ¿Nos vemos en la presentación del nuevo libro del Dr. Oriol Lugo?

¿De dónde nace la idea para escribir un libro con 365 consejos?

Este libro nació del trabajo de 2 años de grabar a diario mensajes de ánimos, consejos y reflexiones a través de las redes sociales. Me di cuenta que muchos de los aprendizajes que iba efectuando a lo largo del tiempo no podían quedarse sólo para mí. Fue así como acabé configurando un espacio de diálogo con las personas que me seguían, para ir dando un poco de mi saber a todos aquellos y aquellas que pudiera serles de utilidad.

Pero, si estuviste dos años grabando mensajes a diario, ¿cómo es que acabaste haciendo 365 consejos y no más?

Mi propuesta era la de condensar los mejores consejos y orientaciones. Es por esto que el resultado acabó siendo de 365 consejos y no más.

A través de pequeñas píldoras diarias una persona puede cambiar una gran variedad de aspectos de su vida. Subestimamos lo que podemos llegar a cumplir en un año, para luego arrepentirnos diciéndonos que al próximo año lo vamos a conseguir.

Aquí, en esta obra planteo una alternativa. ¿Y si en lugar de hacerte propósitos de año nuevo, te centraras en cada día poder mejorar ni que sea un uno por ciento?

¿Por qué es mucho mejor que sean consejos breves o pequeñas píldoras como dices?

Cuando pedimos a alguien que cumpla una tarea durante una hora se hace quizás complicado. Pero si le pedimos un minuto diario. Entonces la cosa cambia.

El pequeño paso es mucho más fácil de hacer que el gran paso. Y, además, con el pequeño paso podemos romper una inercia en negativo.

Lo importante es estar en movimiento. Es decir, poder actuar en la dirección correcta. Aunque la velocidad sea limitada, si estamos yendo en la dirección correcta, al final acabaremos alcanzando lo que nos proponemos.

Cuéntanos un poco más sobre este método de trabajo en el que se basa tu nuevo libro.

Esta forma de trabajar se denomina “KAIZEN”, que quiere decir cambio a mejor o mejora continua. Este es un enfoque radicalmente opuesto al que predican muchos psicólogos/as y coaches, los cuales te invitan a efectuar grandes cambios transformacionales.

Cuando uno se toma su cambio personal como una tarea a diario, lo que está haciendo es crear hábitos y rutinas positivas. Por ejemplo: salir a correr 10 minutos al día, leer 10 minutos cada jornada, meditar 10 minutos cada día… Estas pequeñas transformaciones son las que van a facilitarte el gran cambio.

Y, además, el tiempo va a pasar igualmente, así que no te preocupes. Mejor ocúpate y pasa a la acción. Cuando pase un año serás mucho más feliz, porque habrás cultivado hábitos que te habrán ayudado a mejorar tus relaciones, tu salud, tu economía, el liberarte de problemas y temores…

Dicho de este modo, ¡parece que se trate de magia!

No es una cuestión de pensamiento mágico, sino que todos los consejos y ejercicios están basados en la Psicología, en el Coaching, en la Psicología Coaching y en las Neurociencias.

Eso sí, es un libro en el que vas a tener que comprometerte, ya que cada día es una oportunidad para crecer. También en su interior encontrarás ejercicios donde con un lápiz a la mano podrás completar sus retos.

No esperes al año que viene y empieza a construir tu mejor año hoy mismo.

Claves para una sana relación de pareja

Existen tantos tipos de relación de pareja 👫 como miembros que las componen. Es por esta razón que es inútil hablar de la relación de pareja ideal. Sólo podemos hablar de pautas o elementos que, después de estudiar a centenares de parejas que conviven felices, se repiten en su día a día.

Estos patrones o tendencias tampoco son universales ya que hay muchos factores que intervienen, pero sí que nos dan referencias de cómo mejorar nuestras propias relaciones. Siempre teniendo bien claro que no existe esta perfección y que las relaciones humanas son cambiantes y moldeables.

Así pues, nos encontramos con una serie de patrones considerados positivos para tener una relación de pareja sana, pero también con unos patrones considerados negativos y que pueden ser destructivos para esta relación de pareja.

Patrones positivos en una relación de pareja:

  • Dedican tiempo de calidad.
  • Hablan con respeto.
  • Comparten aficiones o pasatiempos.
  • Saben cómo poder resolver conflictos y discusiones.
  • Pueden compartir y abrirse emocionalmente.
  • No se juzgan ni critican.
  • Permiten tiempo individual para cada uno/a.
  • Son responsables.
  • Comparten muestras de afecto en el día a día.

Patrones negativos en una relación de pareja:

  • Dedican poco o nulo tiempo de calidad. Por ejemplo, salen a cenar, pero están más tiempo mirando el móvil que mirándose a los ojos.
  • Hablan con falta de respeto.
  • No comparten aficiones o comparten pocas y sin un auténtico espíritu de compartir.
  • No saben cómo resolver los conflictos y acostumbran a taparlos o a no afrontarlos.
  • No se abren emocionalmente. Suelen guardar un exceso de secretos entre ellos/as dos.
  • Hacen uso de críticas y de juicios.
  • No permiten tiempo individual para cada uno. En algunos casos pueden llegar a los celos y a la dependencia.
  • Son irresponsables.
  • Raramente comparten muestras de afecto en el día a día.

👉Quizás algunos de los anteriores aspectos están presentes en tu relación. Lo importante es ganar consciencia para así poder cambiarlos y transformarlos.

El primer paso en las relaciones de pareja es que haya un aumento de la consciencia, para acto seguido plantear los posibles cambios.

Y acabar diciendo que las parejas no rompen porqué sí, siempre hay una serie de experiencias que han ido acumulándose hasta que la situación se vuelve insostenible. Esto genera el efecto de la mochila llena. Por esta razón siempre pedimos que se pueda empezar a hacer una gestión emocional a diario.

Miedo a lo irracional: ¿por qué?

¿Eres de las personas que teme lo irracional? ¿Te dan miedo los espíritus? ¿Te causa terror todo lo vinculado con las brujas o los fantasmas?

Si has respondido que sí, sigue leyendo porque este artículo va a responder a muchas de tus cuestiones.

En primer lugar, debemos decir que no eres el único/a. Hay un gran número de personas en este plantea que sufre terror a todos estos temas.

Te contamos porqué ese miedo a lo irracional…

Hay varias explicaciones al respecte. Una de ellas, es que durante miles de años los hombres y las mujeres, mucho antes de las religiones mayoritarias, han creído en la naturaleza y en los mitos. Antes de que llegara la ciencia, la forma de explicar la vida y nuestro entorno era a través de los mitos y el misticismo. Es por esta razón que el ser humano después de miles y miles de años ha estado creyendo en lo irracional.

Pero todos estos mitos no han desaparecido del todo, siguen aún presentes en nuestro colectivo. Por ejemplo, a través de las distintas religiones, muchos de los ritos “paganos” se han mantenido vigentes. Cuando celebramos el “día de muertos” o el “día de todos los santos”, estamos haciendo una serie de ofrendas y celebraciones en recuerdo a nuestros familiares. En estas celebraciones reside la creencia de que hay algo más después de la muerte.

Racionalmente podemos afirmar que los fantasmas o los espíritus no existen, pero por otro lado las celebraciones institucionales (según cada país y religión), nos están remarcando la idea de que nuestros familiares siguen presentes entre nosotros/as aunque sólo se trate de una vez al año.

También destacar, que a nivel madurativo, el niño/a va pasando por distintas etapas. En estas etapas los miedos van cambiando. Pasamos de miedos más irracionales e inespecíficos a miedos más racionales y concretos.

Por ejemplo, los niños/as de 1 a 4 años suelen tener miedo a la oscuridad, de los 4-8 suelen tener más miedo a los monstruos y de los 8 a los 12 años, suelen temer más el rechazo social de sus amigos/as o un examen.

Esto nos muestra que quizás esos miedos del pasado no fueron del todo superados ni resueltos. Y es por esta razón que hay una parte en nosotros/as que sigue temiendo todo aquello que en antaño nos causó terror.

Y, por último, una tercera explicación sería la que proviene de nuestro medio cultural. Son muchas las películas donde aparecen fantasmas, espíritus, brujos/as… Toda esta influencia mediática ha causado que muchos de nosotros/as conozcamos filmes como “El sexto sentido”, el “Proyecto de la Bruja de Blair”, o “It el payaso”, por poner algunos ejemplos. Estas películas han creado mitos en nuestra cultura popular, donde hemos llegado a hacer más vivida la imagen de que todos estos seres imaginarios existen.

Y tú, ¿qué crees?

¿Tienes miedo a lo irracional?

¡Os leemos en comentarios! 👇

¿Por qué nos gustan tanto (o no) las películas de miedo?

¿Cuándo fue la última vez que fuiste al cine a ver una película de miedo?

Si eres fan de este género quizás no hace mucho. Fíjate, hay una gran diferencia entre el sentir miedo y el sentirlo a modo de elección. Esta última clase de miedo sería el que experimentamos cuando vamos a una sala de proyecciones de forma voluntaria y controlada.

¿Qué sentimos con el miedo?

Es muy importante este último término, el “control”, porque es lo que determina que, cuando estemos visionando la película no sólo lleguemos a sentir miedo sino también placer.

Cuando estamos en una situación controlada (como es el caso de una sala de cine), tenemos la capacidad de poder escapar o de salir de ese entorno. Por ejemplo, si estás viendo una película y es muy terrorífica puedes cerrar los ojos, taparte los oídos o simplemente salir de la sala.

Es un miedo al cual tú puedes llegar a controlar en todo momento. No es la misma clase de miedo que podemos llegar a experimentar en situaciones desconocidas o de posibles amenazas.

Cuando ves una película, tú sabes en todo momento que, aunque el monstruo o el asesino/a acabe devorando al grupo de campistas, a ti no te va a pasar nada. Esto lo que permite es que tu mente pueda alejarse de la vivencia y pueda llegar a sentir placer. Un placer que proviene de la adrenalina que se genera en tu cuerpo.

Al ir al cine estás escogiendo poder pasar unas dos horas de sustos porque ya sabes que está es la dinámica habitual de esta clase de películas. Es un momento donde ya estás mentalizado/a para vivir esta clase de experiencias.

Es por esta razón que puedes llegar a disfrutarlo. Por otro lado, las personas que no les gustan las películas de miedo, suelen ser individuos que al no llegar a disfrutar de estas experiencias lo que generan las imágenes y la música es un malestar en ellas.

Es por esta razón que, si no te gustan las películas de miedo, es importante no forzarte a verlas. Por mucho que tu entorno te invite, es importante que desistas. Ya que lo que hace que el miedo sea placentero, es la capacidad de elección y de control.

Así que, si quieres pasar miedo y divertirte a la vez, la clave consiste en vivir la experiencia lo más alejada de la realidad. A continuación, voy a darte algunas claves para poder experimentarlo.

¿Cómo experimentamos el miedo?

Por ejemplo, un truco consiste en imaginarte, durante la película, que son todo actores.

Al monstruo, que es alguien a quien han estado maquillando durante horas, los cámaras que no aparecen en la escena, pero que están por todas partes, los técnicos de sonido y de luces que también están justo al lado de la escena de rodaje.

Y si nada de esto no funciona, un último consejo es mirar a tu alrededor, para así volver a situar tu mente en el entorno inmediato, pudiendo así desconectarte de la experiencia de la película.

¡Qué disfrutes de la adrenalina del miedo!

El miedo y sus orígenes

Imagina retroceder en el tiempo, a una era prehistórica…

Concretamente estás en el año 12.000 A.C., viviendo en una cueva con tu tribu. Todo es una amenaza, literalmente. Desde el frío glacial, la falta de alimentos, los depredadores que acechan, las luchas entre clanes, o cualquier caída o rotura que puede acabar en un desenlace fatal.

Todas estas circunstancias llevaron a que la especie humana tuviera que desarrollar un fuerte sentido de protección y de supervivencia.

Pero, ¿cómo lo lograron vencer ese miedo?

A través de la emoción del miedo. Esta emoción básica es la que permite poder preparar al organismo para una respuesta inmediata de:

  • Luchar
  • Huir
  • Congelarse

La primera opción es la que permitía que, en caso de amenaza de un depredador como, por ejemplo, un tigre de dientes de sable, que se había acercado demasiado a la cueva, pudiesen coger una piedra o una lanza y tratar de protegerse.

La segunda opción es la que facilitaba que, en caso de que presenciaran a un grupo de una tribu rival, pudieran marcharse corriendo para poder encontrar refugio con su clan.

Y el tercer elemento era la alternativa, en el caso de avistar a un oso, de tratar de esconderse, evitando así que les viera.

Estas respuestas naturales al miedo permitieron que aquellos seres humanos que las aplicaban pudieran continuar con vida. Y, cómo resultado, poder dejar sus genes a sus futuras descendencias.

¿Y qué pasaba con los seres humanos que no respondían al miedo?

Simplemente no sobrevivían.

Es por esta razón que estamos programados para hacer caso a la emoción del miedo.

Quizás en el presente no tendremos que hacer frente a un tigre dientes de sable, pero si a, por ejemplo, clientes que pueden estar descontentos/as y que pueden llegar a ocasionar que perdamos nuestro puesto de trabajo.

Puede que no tengamos que lidiar con tribus enemigas, pero sí con compañeros/as tóxicos y que nos pueden perjudicar en nuestro ámbito personal y profesional.

Y tal vez no sea necesario que nos escondamos de un oso pero, por ejemplo, debemos vigilar al cruzar por la calle y asegurarnos de que no nos atropellen ciclistas, patinetes u otra clase de transportes.

Esto nos lleva al punto de comprender mejor el miedo y de reconocerlo como una emoción que nos ayuda a sobrevivir.

✅Aun así, la clave está en encontrar un punto de equilibrio y aprender a gestionar esta emoción.

Y esto es así ya que, en dosis muy elevadas, puede llegar a paralizarnos y a bloquear toda clase de iniciativa. Pero en el caso de no sentirla, nos llevaría a cometer locuras como cruzar la calle sin mirar o a que nos asomásemos desde el balcón de un quinto piso.

Comprende tu miedo y deja margen para gestionarlo, llámanos y solicita información sin compromiso si necesitas ayuda profesional de un buen psicólogo en Barcelona.

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