El autor Ross W. Greene parte de un enfoque cognitivo para comprender a los niños con un trastorno del comportamiento disruptivo, defendiendo que la conducta de tales niños se debe a un retraso en el desarrollo de habilidades cognitivas concretas.

A diferencia de los enfoques conductuales clásicos (según los cuales: los niños pueden hacer bien las cosas si ellos quieren), este autor se centra más en la cognición que en la conducta, entendiendo que la conducta explosiva de estos niños no es intencional e identificando las habilidades cognitivas que se necesitan aprender.

La regulación de las emociones, la tolerancia a la frustración y la habilidad para resolver problemas por parte de los niños no se desarrolla independientemente, sino que dependen de la forma que tienen los adultos de enseñar esas habilidades a los niños.

La conducta explosiva de estos niños se da cuando las demandas cognitivas ante un problema superan la capacidad que tienen para responder de forma adaptativa, llevando al niño a frustrarse y colapsarse cognitivamente, provocando que sea incapaz de pensar tranquilo y racionalmente.

Hay 3 objetivos fundamentales para ayudar a su hijo a adquirir las habilidades cognitivas necesarias para gestionar la frustración y resolver problemas:

  1. Mantener a los adultos como figuras de autoridad.
  2. Enseñar a su hijo las habilidades de la flexibilidad y la tolerancia a la frustración.
  3. Ser conscientes de las limitaciones de su hijo.

Para conseguir estos 3 objetivos, repartiremos los comportamientos disruptivos de su hijo en 3 cestas:

Cesta A: contiene aquellos comportamientos importantes por los que merece la pena inducir y soportar un colapso en su hijo. Esta cesta le ayudará a conseguir el primer objetivo: mostrarse como figura de autoridad.

En esta cesta está siempre la seguridad, por ello incluye comportamientos no seguros, es decir, aquellos que pueden ser dañinos para su hijo, otras personas, animales u objetos (por ejemplo: pegar, dar patadas, tirar cosas, romper objetos, etc.). Estos comportamientos no son negociables y por ello merece la pena inducir y soportar un colapso en su hijo, con tal de imponer seguridad.

Por lo tanto, en esta cesta no se le enseña a su hijo a pensar en mitad de la frustración, sino que se le enseña que usted es la figura de autoridad, indicándole al niño que este es un tema que no se va a discutir.

Cesta B: contiene aquellos comportamientos que son importantes, pero por los que no merece la pena inducir y soportar un colapso en su hijo. Estos comportamientos son con los que trabajará para conseguir el segundo objetivo: enseñar habilidades de flexibilidad y tolerancia a la frustración a su hijo.

En esta cesta “hay mucho que enseñar y mucho ejemplo que dar”, ya que se dedicará a ayudar a su hijo a pensar, comunicarse y buscar una solución, enseñándole habilidades de las que claramente carece: establecer un toma y daca con otra persona, mantener la calma en medio de la frustración, adoptar la perspectiva de otra persona, resolver los desacuerdos de forma mutuamente satisfactoria, etc.

Para ello, son clave 2 pasos: 1) Mostrar empatía: hacerle saber a su hijo que entiende que algo no le guste o no esté de acuerdo; 2) Invitarlo a buscar una solución: proponerle a su hijo buscar una solución al problema donde tanto él como usted salgan beneficiados.

Debe recordar que su hijo tiene dificultades para pensar racionalmente cuando se enfada y frustra, lo que le dificultará practicar y aprender a pensar cómo solucionar un problema, haciendo que tarde más de lo que usted espera en mejorar su capacidad de generar soluciones, siendo necesario practicar no solo en situaciones conflictivas, sino también en situaciones más tranquilas.

Cesta C: contiene comportamientos poco importantes que no merecen que se diga nada sobre ellos, simplemente se ignorarán, ya que están fuera de su interés. Esta cesta le ayudará a conseguir el tercer objetivo: ser consciente de las limitaciones de su hijo.

Esta cesta está llena de comportamientos de los que tendrá que olvidarse por completo, al menor por ahora, aunque en su momento pudieron parecer una prioridad. Si un comportamiento está en esta cesta, ya no se mencionará más y mucho menos se inducirán colapsos a causa de él.

Esto permitirá reducir el nivel de frustración y el número de colapsos de su hijo a lo largo del día, así como mejorar la comunicación. Con el tiempo, a medida que prioridades mayores estén resueltas (comportamientos de la cesta B), podremos pasar comportamientos de la cesta C a la cesta B.

¿Quién decide a qué cesta va un comportamiento? Usted. ¿Quién decide si se ha llegado a una solución aceptable? Usted. ¿Quién decide si su hijo es capaz de poner en práctica una posible solución? Usted. ¿Quién sigue mandando? Usted.

Tania Lozano
Psicóloga General Sanitaria
Colaboradora en OWL INSTITUTE. Institut Psicològic

Fuentes:
Fundación Cadah. Enfoque cognitivo del TND según Greene (CPS). https://www.fundacioncadah.org/web/articulo/enfoque-cognitivo-del-tod-segun-greene-cps.html
Greene, R.W. (2004). Cuestión de cestas. Dentro R.W. Greene (ed.), El niño insoportable (2ª ed., p.136-186). Medici.