Una de las dificultades que se encuentran los padres con los jóvenes es la predisposición emocional y conductual para hacer frente al compromiso escolar. Cuando el joven regresa de la escuela/ instituto, una de las quejas más habituales entre los padres se refiere a los deberes de la tarde.

Para ello proponemos las seis reglas siguientes que representan también una modalidad preventiva de problemáticas y dificultades escolares estructuradas.

 

1.- Pasar a la acción:

El primer escollo que los padres deben superar es conseguir que el joven empiece a hacer los deberes. Para la mayoría de los escolares nunca es el momento adecuado y frente a sus continuos aplazamientos (“empiezo dentro de cinco minutos”, “cuando acaben los dibujos/ juegue a…”), los padres insisten en la exigencia, en la insistencia verbal y en las preguntas retóricas (“y bien, ¿todavía no has empezado?”), hasta que pierden la paciencia. Pasar a la acción significa, en cambio, implicar directamente al niño en un comportamiento práctico: “¡Es la hora! Coge la agenda y veamos qué pone…”.

 

2.- Alternar ayuda y autonomía:

“Ahora vas a leer tú sólo/ estudiar tú solo, yo te escucho, luego lo corregimos/ preguntamos juntos”, “haz hasta aquí, cuando hayas terminado lo repasamos”: de este modo el joven experimenta sus propios recursos, aunque supervisado por el progenitor, que debería limitarse a ayudar sólo al principio y al final de una tarea, para que el niño adquiera seguridad.

 

3.- Dudar en vez de animar:

Frente a las dificultades del estudio, es fundamental promover de manera suave el desarrollo de las capacidades autónomas de resolución de los problemas (“era difícil, ¡no sé si sabrás hacerlo!”, “creo que tardarás al menos quince minutos en terminar, es difícil hacerlo en menos tiempo”). Se trata de preparar pequeños desafíos calculados según la capacidad del niño.

 

4.- Conceder la posibilidad de error:

Es importante dejar al joven espacio, tiempo y derecho a equivocarse (“era complicado, del error se aprende”). La corrección puntual del progenitor, sobre todo en etapas de cambio, puede desmotivar al joven e impedir que adquiera seguridad.

 

5.- Gratificar pero sin exagerar:

Para los padres es importante dosificar felicitaciones y premios ante los éxitos del niño. Eso se logra circunscribiendo la felicitación al resultado efectivamente alcanzado (“¡quién lo hubiera dicho, con lo complicado que parecía!”), “este lo has hecho muy bien”, “veremos que tal sale el próximo”). De este modo se previene el efecto saturación de las felicitaciones y se estimula al joven a alcanzar nuevas metas.

 

6.- Enseñar haciendo descubrir:

Los padres deberían recordar que sólo se aprende realmente una cosa utilizando las capacidades personales. La labor de los padres es acompañar al hijo en este viaje de descubrimiento y permitir que a partir de un momento determinado empiece a navegar solo.