• ¿ESTÁS DISPUESTO A CRECER?

    ¿ESTÁS DISPUESTO A CRECER?

    Crecer. Un verbo incómodo. Y lo es porque es una acción de valientes, atrevidos/as, de soñadores/as, de comprometidos/as, de osados/as…

    No todo el mundo se plantea la idea de crecer. Pero en realidad es algo que está en nuestra naturaleza. Tú, yo, y todos/as hemos crecido a lo largo de la vida. Y si estás leyendo esto es porque estás más comprometido/a que la media en seguir expandiendo tu vida; en llegar a cuotas más elevadas; en explorar nuevos continentes; en adentrarte en las profundidades de tu ser.

    Hay tres metáforas que me encantan compartir para explorar la idea de qué es Crecer. Estás historias cuentan la evolución de tres animales, pero estoy seguro que verás muchos rasgos y elementos que también estaban, están, o estarán presentes en tu vida.

    La primera historia va de las langostas. Las langostas son animales que disponen de un exoesqueleto que les aporta protección y soporte. Aun así, estos seres por dentro son suaves y pulposas. Su caparazón rígido les es de gran utilidad para protegerse de sus depredadores. Pero esta misma protección, no se puede expandir. Con el paso del tiempo la langosta va creciendo, y aquí radica el asunto: ¿cómo logran las langostas crecer? Está claro que su propia coraza se convierte en una gran limitación. Van creciendo y cada vez se sienten más incómodas, y la presión no para de aumentar. Su cuerpo interno trata de empujar esa misma barrera protectora, pero el exoesqueleto es muy duro y la bloquea.

    Entonces, llega un punto, donde las langostas se van debajo de las rocas. Allí, sintiéndose a salvo de los otros animales, sueltan sus caparazones con el propósito de producir unos nuevos. Con el paso de más tiempo, las langostas se vuelven a encontrar en una situación parecida. Vuelven a irse debajo las rocas y repiten el mismo ciclo. Se encuentra en un dilema: o eligen crecer y desprenderse de su caparazón, o mueren con sus rígidos exoesqueletos. El cambio se produce a partir de la incomodidad de las langostas. Ellas sienten que su caparazón les aprieta. Si se quedan tal como están entonces se estancarían y acabarían muriendo. Es parte del proceso natural del cambio.

    La segunda historia trata sobre los gusanos de seda. Estás orugas disponen de un ciclo de cuatro fases que son las de huevo, larva, crisálida y mariposa. En la primera de ellas, los huevos restan aparentemente inactivos durante las estaciones de verano, otoño e invierno. Y es en la primavera cuando eclosionan las larvas, coincidiendo con la salida de las hojas de los árboles donde habitan. Los gusanos se alimentan de las hojas de las moreras, las cuales generan los brotes en esta misma temporada del año. En la fase de gusano, los animales están unas seis semanas alimentándose de todas las hojas que pueden. Durante este proceso los gusanos aumentan de tamaño y de peso. Pueden llegar a mudar hasta cinco veces su piel, pasando de los tres milímetros hasta los siete o los ocho centímetros, cuando ya son adultos. En su última etapa, los gusanos empiezan a tejer un capillo. Esta tarea les puede suponer de tres a cuatro días de trabajo. Cuando están en el capullo de seda, el animal parece que esté pausado, pero, todo lo contrario. Dentro de la crisálida se está produciendo la metamorfosis en mariposa. En unas dos a tres semanas, la mariposa va a segregar un líquido y va a romper el capullo, logrando salir de él. En la fase de mariposa, el animal vivirá entre ocho a doce días hasta que después de reproducirse acabará muriendo.

    La tercera historia hace referencia a la transformación del águila real. Esta ave posee una de las mayores longevidades dentro de su especie, pudiendo llegar a vivir alrededor de 70 años. Para llegar hasta tal edad, cuando se encuentran en la mitad de sus vidas tiene que tomar una decisión crucial. Cerca de sus 40 años sus uñas han crecido tanto que su longitud no les permite poder agarrar presas; su pico empieza a curvarse de tal manera que les dificulta la ingesta; y sus alas, peladas y envejecidas por sus gruesas plumas, les limita su capacidad de vuelo.

    Es entonces cuando el animal tiene que tomar una decisión de vida o muerte: seguir el lento paso del envejecimiento y dejarse morir o hacer frente a un doloroso proceso de renovación que durará unos meses. El proceso consta de varias fases. En un primer lugar, el ave va a volar haca lo alto de una montaña. Una vez allí se refugia y crea un nido cerca de una pared. Una vez ya protegida, empezará a golpear su pico contra la pared hasta lograr arrancarlo. Con esta acción logrará que pueda nacer un nuevo pico con el cual, después podrá desprenderse de sus viejas uñas. El siguiente paso, surge cuando ya dispone de sus nuevas uñas y en esta fase es el turno de poder desprenderse de sus viejas plumas. Con el pico, el águila real repetirá el mismo proceso que ha efectuado con sus uñas, pero en está ocasión con sus plumas.

    Finalmente, después de este arduo proceso, el animal dispondrá de una completa renovación con un pico más fuerte, con unas uñas más resistentes y con unas plumas más sedosas. El ave saldrá volando, pudiendo así inaugurar una nueva etapa donde dispondrá de unos 30 años extra de vida. Unos años de renovación y de crecimiento.

    En estas tres historias podemos apreciar como el crecer puede ser algo que nos genere miedo, dolor e incluso nos acerque a una falsa muerte (metáfora de la metamorfosis). Pero todos los esfuerzos tienen una recompensa.

    Y, tú, ¿estás dispuesto/a a crecer?

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