¿Alguna vez te has preguntado por qué eres del equipo que sigues? ¿Por qué eres vegetariano/a? ¿O por qué apoyas a una causa y no a otra?

La respuesta se encuentra en las creencias. Es muy curioso que la gran mayoría de las personas no se para a pensar en estas cuestiones, pero es cierto que todos / as tenemos un condicionamiento. Es decir, las experiencias vividas han configurado nuestro conjunto de creencias. Y esto empieza ya cuando somos pequeños.

En el caso de los deportes, muchas veces hay familias que compran camisetas al niño / a de su equipo favorito. Y el resultado consecuente es que aquel niño acaba haciéndose seguidor de aquel equipo. Es raro que se pare a pensar sobre si realmente es el equipo que más le gusta o no.

En cuanto al segundo ejemplo, sobre la elección de comida o no carne, hay gente que me podría responder que ellos / as son vegetarianos o veganos / as a pesar de tener familiares que comen carne. Sí, pero aquí está presente también el efecto péndulo. Es decir, podemos adoptar las mismas creencias que las de nuestros cuidadores / as o, podemos optar por integrar un sistema de creencias totalmente opuesto. Este proceso es algo habitual en la etapa de la adolescencia donde los jóvenes buscan una diferenciación con sus progenitores. Si mis padres son de barbacoas, pues yo para marcar una diferenciación, rechazo por completo la carne.

Y en el caso de apoyar una causa y no a otra, también es dios en nuestras creencias. Lo que hemos vivido o lo que hemos experimentado acaba influyendo en nuestra forma de pensar. Si tú has estado viviendo injusticias o situaciones conflictivas, es muy probable que puedas simpatizar más con una causa que tenga referencia con lo que has vivido. Y, por el contrario, otras causas ajenas a tus vivencias, quizás no despertar el mismo interés o grado de implicación.

Más allá de estos tres ejemplos, el importante es poder hacer de vez en cuando el acto reflexivo de cuestionarse lo que creemos. Está claro que no es un ejercicio fácil, pero sí es un trabajo necesario si queremos enriquecer y transformar nuestras vidas. De lo contrario, seguiremos en un automatismo continúo que quizás no nos aporta muchos beneficios.

El hecho de encontrar las creencias que guían nuestras vidas puede ser un potente ejercicio para incorporar nuevas creencias. Nuevas formas de pensar que ensanchen nuestros horizontes o que nos permitan obtener nuevas oportunidades.

Para poder encontrar las creencias personales sobre cualquier tema, podemos empezar con la frase “Yo creo sobre x …“. Por ejemplo: “yo creo que el Barça es …”, “yo creo que el Real Madrid es …”, “yo pienso que la Peña de baloncesto es …”, “yo pienso que ser vegetariano / a es …. “,” yo opino que comer carne es “…,” yo opino que las personas que defienden los animales son … “,” yo considero que las personas que defienden el clima son … “.

De esta manera podemos anotar todo lo que nos venga a la mente. Es importante no limitarse y escribir con sinceridad todo lo que nos aparezca. Todo seguido, podemos observar que muchos de nuestros pensamientos han sido condicionados por otras personas, por situaciones específicas o por momentos o etapas de nuestra vida, que tal vez, ahora como adultos han cambiado.

Sean las creencias que sean, lo que es realmente relevante es preguntarte si estas creencias te son o no útiles. Porque tú puedes transformar y cambiar tu manera de pensar. Por ello, será esencial hacer un acto de separación entre quienes somos y que creemos que somos. Tú puedes creer que eres una persona rígida o mentalmente más conservadora, pero esto también es una creencia.

Así que recuerda que también puedes cambiar este elemento. Te animo que puedas cuestionarte tus creencias y porque no, adoptar nuevas formas de pensar y de vivir.

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